Calamaro, en su tinta: 'Quiero cantar con Julio Iglesias'

19 de septiembre de 2008.-

Dice que ya sólo se mete proteínas, pero Andrés Calamaro se mueve nerviosísimo por la habitación de su hotel en Madrid. No deja el mate ni a tiros, y se empeña en que escuchemos a toda caña las canciones de su próximo lanzamiento, un SÉXTUPLE disco mitad recopilatorio, mitad nuevo, mitad locura típica de Calamaro....

R&B: Andrés, coge lo que necesites y siéntate aquí, y nada de parrafadas larguísimas, por dios, que contigo siempre hay que cortar la mitad.

Andrés Calamaro: Te voy a decir exactamente lo que quiero que salga escrito [solícito], como si te estuviera dictando... leer mas...


fuente: sexo, drogas & blog
LOS RIZOS Y LAS "RASTAS"


Cuando a eso de las 23.30 asomaron los rizos de Andrés Calamaro por el escenario de MetroRock, muchos todavía no se habían recuperado de la actuación del antes-conocido-como-el-de-las-rastas. El comentario más extendido era el siguiente: "Pero, ¿qué se ha hecho ese hombre en el pelo?". Las cosas como son, y cuestiones capilares al margen, Melendi arrasó. A la altura de su segunda canción, cuando el asturiano entonó su clásico "alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual" (que ingrese en la RAE ya), la gente hacía la conga la mar de feliz por el cómodo recinto de hierba de la Universidad Complutense


Pero antes, la estrella: Andrés Calamaro se encuentra en un momento finísimo. Está el argentino liberado de fantasmas. Enamorado y padre reciente, se le ha puesto un cuerpo de rockero maduro que ha pasado lo suyo y ahora se ríe hasta de su propia planta. Nunca antes se exhibía tan de frente: si con Los Rodríguez y en sus primeros años en solitario se refugiaba en unos teclados en un córner del escenario (¡luego le copiaría Dylan!), ahora se posiciona al frente, a veces tocando la guitarra y otras sólo con el micrófono. No es que sea un Fred Astaire al baile, pero se mueve con la tosca autenticidad de rockeros como Springsteen. Su concierto fue largo (quería tocar tres horas, pero los organizadores le sugirieron que se quedase en dos), vibrante y emocionante. Alrededor de este tipo apuesto había una atmósfera cálida. Tanta que te entraban ganas de desprenderte hasta de la camiseta y gritarle algo aproximado a "Andrés, eres un fenómeno", como hizo alguno.


Lo de Melendi es otro mundo, claro. Algunos cantantes se dedican a saquear a sus maestros. Otros llegan más lejos y desafinan mientras lo hacen. Melendi, sin ir más lejos. El asturiano fusila tanto a Estopa, Sabina, Fito&Fitipaldis y Extremoduro que al final de la canción hasta te parece original. Qué tipo: ha hecho croquetas (rancias) con las sobras de otros. Si se analiza despreocupadamente, hasta el más escéptico puede mostrar cierto afecto por él. Más que un músico, Melendi es un animador calimochero ("¡Arriba esos cuernos, Madrid!", llego a gritar), y esta faceta la domina tan bien que es injusto ponerle pegas. Caso aparte es su nueva imagen. Ya puesto, nos gustaba más el Melendi perroflauta de las rastas, las camisetas con lamparones y los petos XL. Ahora, con ese pelo sometido al traicionero alisado japonés (resulta que se le ha cardado un pelín), más parece El Puma que nuestro chavalote de barrio. Tendremos que acostumbrarnos.


Por lo demás, MetroRock fue un éxito. Unas 15.000 personas en este nuevo recinto agradable y un ambiente de fiesta. Mayoría de público universitario, algunos con pelucones a lo Calamaro, otros con camisetas del Atlético de Madrid (por fin está de moda el equipo rojiblanco), ganas de pasárselo bien y buenrollismo. Y un aviso para los deportistas que mañana vayan tan felices a entrenar en su esponjoso campo de rugby: lo que antes era verde ahora es tierra. Cosas de la juerga.

Fuente: El País
Calamaro abre mañana Eutopía08, que espera congregar a 50.000 espectadores


El artista argentino Andrés Calamaro abrirá mañana la III edición del festival internacional de creación joven Eutopía08, que contará con la participación de 4.000 autores y en el que se espera la afluencia de más de 50.000 espectadores.

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Mis olvidos son más interesantes que mis recuerdos


Un encuentro con Andrés Calamaro -a raíz de su último trabajo, La lengua popular, y ante el cercano final de su actual gira- tiene mucho de partido de fútbol. Con el pitido inicial el argentino mueve el balón despacio y reflexiona cada jugada. Se toma su tiempo para responder a la primera pregunta de calentamiento: ¿tiene pensado volver a vivir en España? No hay respuesta inmediata. "Todavía tengo dos pulmones y dos residencias: Buenos Aires y Madrid", responde tras 40 segundos de extraño silencio.

Avanza el partido, y en los últimos minutos estalla la sorpresa. El gol. "¡Es que ahora mismo estoy en un momento de cambio!", exclama Calamaro con un salto. "Esto debería ser una conversación privada... No una entrevista", se pasea. "Pero sí, mi cambio actual es una cuestión de técnica vocal. Un día, Bob Dylan encontró de pronto una forma distinta de cantar. Quien haya leído su autobiografía Crónicas [Global Rhythm Press], sabe de lo que hablo. En ese punto me encuentro yo ahora mismo".

Es la última de las muchas transformaciones vitales de este músico que ha sobrevivido a varias vidas distintas. Tras recorrer cada pueblo y ciudad de España con el rock torero de Los Rodríguez, Calamaro construyó a finales de los noventa una consistente y arrebatadora carrera en solitario cimentada con inmensas joyas discográficas paralelas a una feroz época de noches en vela, escándalos y desmesura. De ahí nacieron sus imprescindibles Honestidad brutal y Alta suciedad. También el quíntuple disco, El Salmón, publicado en 2000, donde en tres meses compuso más canciones que los Beatles en toda su carrera.... leer mas....


Fuente: El País